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1/10/07

Según expertos el bypass gástrico es la mejor técnica para los afectados de obesidad mórbida


Esta operación se realiza desde al año 1966, y ha pasado la prueba del tiempo al ser la única operación que lleva realizándose más de 34 años

Madrid, 1 octubre 2007 (mpg/Azprensa.com)

Según expertos de la Clínica de La Luz, el Bypass gástrico es la técnica quirúrgica que aporta una mejor calidad de vida a los afectados por obesidad mórbida a medio y largo plazo a diferencia de los tratamientos farmacológicos, que hacen que los pacientes recuperen el peso que han perdido en la mayoría de los casos.

Según el jefe de la Unidad de Cirugía Laparoscópica de Obesidad de la clínica, el doctor Manuel Miras al superar los cuarenta puntos en el índice de masa corporal, puede aparecer enfermedades como la diabetes e hipertensión. Estás complicaciones están asociadas a una mayor tasa de mortalidad, de tal forma que muchos pacientes fallecen a los cuarenta años.

El bypass gástrico es la operación más antigua. Se realiza desde al año 1966, y ha pasado la prueba del tiempo al ser la única operación que lleva realizándose más de 34 años. Se la considera la operación Standard con la que deben comparase todas las demás. Durante los últimos años se han mejorado muchos detalles que la hacen más segura y efectiva. Se puede hacer "proximal" o "distal" dependiendo del segmento intestinal excluido y que significa que en un obeso supermórbido se añade un componente de mala-absorción importante para conseguir mayores pérdidas de peso La intervención quirúrgica "consiste en dejar un estómago con una capacidad de 70cc que se conecta directamente al intestino delgado de forma que los alimentos pasan directamente a él, lo que consigue que el paciente se sacie con una cantidad de comida menor y que disminuya la absorción calórica de los alimentos ingeridos", explicó el doctor Miras.

http://www.azprensa.com

17/9/07

El balón intragástrico es una opción válida para combatir la obesidad


El dispositivo de balón intragástrico funciona provocando a una sensación de saciedad que induce a reducir la cantidad de alimentos que se consumen en cada comida

MADRID, 16 Sep. (EUROPA PRESS) -

Expertos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) consideran que el balón intragástrico es un recurso útil para hacer frente a la obesidad, aunque advierten que sólo surte efecto si se acompaña de correctas medidas nutricionales y ejercicio. Éste es uno de los temas que abordará esta sociedad científica el próximo mes de octubre en el Congreso Nacional que celebrará en Zaragoza.

Según subraya la participante en este taller y jefe asociado de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, la doctora Pilar Riobó, "es una mera ayuda para la pérdida de peso, por lo que debe usarse junto con un plan de educación nutricional y un programa de ejercicio físico que ayudará a mantener, tras la extracción del balón, la pérdida de peso lograda".

En esta misma línea, el presidente de la SEEDO, el doctor Basilio Moreno, afirma que "el balón intragástrico es una opción más para el tratamiento de la obesidad, al igual que la dieta, los fármacos o la cirugía, pero hay que establecer muy bien las indicaciones".

El dispositivo de balón intragástrico funciona provocando a una sensación de saciedad que induce a reducir la cantidad de alimentos que se consumen en cada comida, con lo que se pierde peso gradualmente. Según afirman desde la organización, durante este periodo, los pacientes deben asistir a consultas periódicas y sesiones informativas programadas para aprender los principios de unos hábitos alimenticios sanos, así como los cambios recomendados para llevar un modo de vida más sano.

Según datos facilitados por la SEEDO, este tratamiento permite perder hasta un kilo por semana, que es la cantidad considerada idónea por los dietistas, durante un periodo de seis meses, lo que supone un total de 20 a 30 kilos. Sin embargo, la reducción real depende del seguimiento de la dieta y el cambio de costumbres que deben acompañar a esta técnica, siendo la media real de adelgazamiento de unos 15 kilos en el primer medio año.

El balón intragástrico es, según explica el doctor Moreno, "un balón blando y dilatable que se inserta en el interior del estómago y se llena de una solución salina estéril. Puesto que el balón ocupa parcialmente el estómago, los pacientes se sienten llenos o satisfechos, lo que provoca que coman menos y pierdan peso". Hasta el momento, se han implantado 20.000 dispositivos en pacientes de todo el mundo "y la demanda continúa", apunta la doctora Riobó.

Este tratamiento será uno de los temas que se abordarán en el VIII Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, que se celebrará en Zaragoza del 24 al 26 de octubre y que pretende reunir a más de 500 de expertos nacionales e internacionales. Además también se tratarán en el congreso otros temas como las dietas milagro, los alimentos funcionales, el impacto de la obesidad abdominal en la esfera cardiovascular y la obesidad en la población infantil.

http://www.azprensa.com

20/5/07

Es más probable que las pacientes de obesidad mórbida no se hagan pruebas para el cáncer

Los expertos señalan que muchas podrían sentirse avergonzadas por subirse a la báscula o por ser examinadas

(FUENTE: Center for the Advancement of Health, news release, May 8, 2007)

JUEVES 17 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Las mujeres que tienen obesidad mórbida son más propensas que el resto de las mujeres a omitir las exploraciones del cáncer, aunque la obesidad grave incrementa su riesgo de cáncer o de morir a causa de esta enfermedad.

Investigadores estadounidenses analizaron los datos de casi 8,300 mujeres, de 40 a 74 años, que participaron en la encuesta National Health Interview (Entrevista nacional de salud) 2000.

Hallaron que las mujeres con obesidad grave eran hasta 10 por ciento menos propensas que las mujeres de peso normal a estar al día en los exámenes clínicos de los senos, mamografías, y pruebas de Papanicolau.

El estudio también encontró que las mujeres con obesidad mórbida eran 51 por ciento menos propensas a adherirse a las recomendaciones de los médicos para la mamografía y 83 por ciento menos propensas a seguir las recomendaciones del Papanicolau. El estudio sí encontró que los médicos tendían a recomendar por igual la mamografía y la prueba de Papanicolau para las mujeres obesas y no obesas.

El estudio aparece en la edición de junio del American Journal of Preventive Medicine. También fue presentado en la reunión de la American Society of Preventive Oncology en marzo.

Es importante determinar por qué las mujeres que tienen obesidad mórbida (con un índice corporal de 40 ó más) son menos propensas a las exploraciones del cáncer, señaló la autora principal Jeanne Ferrante, que ejerce en el departamento de medicina familiar de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey y la Escuela de Medicina de Nueva Jersey en Newark.

Ferrante planea encuestar a los médicos para averiguar si existen barreras que impidan que las mujeres con obesidad grave sean evaluadas para el cáncer, como la ausencia de equipos adecuados para examinar a pacientes obesos mórbidos.

También está recopilando información de grupos de pacientes, y ha encontrado que las mujeres que tienen obesidad mórbida se sienten avergonzadas de su peso.

"No les gusta someterse a un examen. No quieren ponerse dos batas o pesarse en una báscula inadecuada", dijo Ferrante en una declaración preparada.



http://healthfinder.gov

25/2/07

Evita el sobrepeso en tus hijos

Lic. Isabel C. Rodríguez R.*

Si tu hijo tiene problemas de peso seguramente te habrán advertido sobre todas las complicaciones de salud que puede tener.

Los niños obesos son más propensos a desarrollar diabetes y sus cifras de colesterol por lo general son más altas que las de otros niños.

Aunque como madre debes estar muy conciente de esta realidad para aplicar las medidas de control necesarias y ayudar a tu hijo a crecer sano, hay otra realidad que se presenta paralela a este aspecto físico y es muy pocas veces abordada por el personal de salud: la burla de la cual tu hijo puede ser objeto.

Es probable que tu niño alguna vez te haya comentado que sus compañeros de escuela se burlan de él o que, en tu misma casa, los hermanos y vecinos lo hagan.

¿Por qué se burlan?

Básicamente los niños se burlan de los que están pasados de peso porque su imagen corporal no es la más apropiada dentro de lo que se acepta en la sociedad. Además, los niños con sobrepeso son más torpes en ciertas actividades que requieren destreza física y se fatigan más fácilmente que los niños delgados.

¿Qué debes hacer?

Si tu hijo está pasado de peso lo primero que debes hacer es planificar con tu pediatra un tratamiento para su problema que incluya asesorías dietéticas y psicológicas. Verás cómo a medida que progrese, la situación será de menor tensión. Mientras avanzan en el tratamiento, puedes seguir las siguientes recomendaciones:

Dale a los comentarios la importancia que merecen. Recuerda que para los niños los comentarios de otros pueden ser muy importantes, pero también los tuyos los son, por lo tanto, cuando tu hijo te comente que se han burlado de él, préstale atención a lo que te dice y hazle saber que a esos comentarios no debe darles mucha importancia. Sin embargo, te recomendamos no caer en el extremo de volver sobre el tema de la burla en la escuela varias veces, tal vez tu hijo ya lo olvidó y ¡eres tú quien sigue pensando en eso!

Crea un clima familiar de confianza. Cuando los niños son objeto de burla disminuye su confianza y su autoestima, por lo tanto, es esencial que en la casa predomine un ambiente donde tu hijo se sienta confortable y seguro.

Tratar a tus hijos por igual. Una de las mejores cosas que puedes hacer es tratar a tu hijo con sobrepeso de la misma manera que a tus otros hijos: evita hacer distinciones con sus hermanos o primos y asígnale las mismas actividades para no reforzarle la idea de que es diferente al resto de los niños.

Refuerza lo positivo. Concéntrate en aquellas cosas que tu hijo hace mejor que muchos y anímalo a que las desarrolle. Si tu hija tiene sobrepeso y no es muy buena en ballet, pero canta mejor que muchas, llévala a clases de canto y ¡no te pierdas ninguno de sus conciertos!

Premia sus logros. Debes reconocerle cada avance en su tratamiento. Recuerda que no sólo es un avance perder determinado número de libras o kilos, también cambiar un hábito alimentario no apropiado o incrementar la actividad física son excelentes logros.

Acompáñalo a hacer ejercicios. Si tu hijo hace ejercicios, no sólo disminuirá de peso más rápidamente, sino que también se cansará menos y se hará más ágil en sus actividades diarias. Por lo general, a los niños con sobrepeso no les gusta hacer ejercicios y requieren del estímulo de sus padres para realizarlos. Selecciona una actividad que sea divertida para todos. Tal vez una excursión familiar cada fin de semana a un sitio donde se requiera Ver blog caminar bastante o donde tu hijo pueda montar bicicleta será más animado para él que permanecer dos horas jugando béisbol.

Cuidado con los apodos. Algunos padres con el mayor cariño llaman a sus hijos por sobrenombres. No caigas nunca en el error de llamar a tu hijo “mi gordito”, “el gordo” o algo similar. Estos “alias” no hacen otra cosa que reforzar en tu hijo su problema y se convierten en etiquetas que le puede tomar mucho tiempo quitárselas de encima.

Si sigues las recomendaciones de tu equipo de salud y le das suficiente apoyo a tu hijo verás cómo poco a poco él empezará a tener una actitud mucho mejor hacia las burlas de las cuales puede ser objeto. Si piensas que tu hijo, a pesar de poner en práctica con él todas estas recomendaciones no se siente bien, te recomendamos buscar la ayuda especializada de un psicólogo.

2/2/07

Obesidad, microbios y hormonas

Las pasarelas de la moda están de moda, pero no por la moda en si misma, que siempre es noticia, sino por las modelos, y en concreto por su masa corporal. En la lucha contra la anorexia el ministerio competente quiere que se controle este aspecto de manera que no se publiciten estilizaciones anoréxicas como modelos o estereotipos a seguir. El peso corporal está regulado por la genética de la persona y otros factores como la fácil disponibilidad de alimentos muy energéticos y baratos, pensemos en las super-hamburguesas y demás comida rápida que tanta polémica está levantando, y la escasa actividad física que caracteriza a nuestra sociedad sedentaria, que ya no tiene que correr detrás de la comida, como lo hacían nuestros ancestros hace muchos miles de años.

Según se acaba de publicar en la prestigiosa revista Nature, también el microbiota, o conjunto de microorganismos que coloniza el intestino, puede desempeñar un papel importante en el mantenimiento del peso corporal. Permítanme un breve apunte técnico. Dentro de las bacterias hay dos grandes divisiones denominadas Firmicutes y Bacteriodetes. Firmicutes contiene más de 250 géneros, incluidos los Lactobacillus, las bacterias de los yogures, ¿recuerdan? Bacteriodetes contiene unos 20 géneros de los cuales el más importante es Bacteriodes.

Pues bien, se ha visto que en obesos abundan mucho más los Firmicutes que los Bacteriodetes. Parece ser que los microorganismos del intestino de los obesos son capaces de degradar más fibra de los alimentos que los de los flacos. De esta manera, los microorganismos de los obesos serían más hábiles para extraer la energía de los alimentos que los microorganismos de los flacos, y por ello extraerían más calorías de la misma cantidad de alimento. Esta eficiencia se traduce en un incremento pequeño pero continuado en la ingestión de calorías que no se ve compensado con un gasto energético equivalente. Se cree que esta circunstancia podría ser una de las causas importantes del incremento de peso.

Ahora bien esta es solo una pequeña parte de la historia. Hay muchos factores complejos implicados en el mantenimiento del peso. Por ejemplo los hormonales. Entre las hormonas relacionadas con el peso corporal se ha citado recientemente una nueva denominada leptina, cuya concentración aumenta al aumentar la grasa corporal. Esto se considera que es una señal que envía el tejido adiposo al cerebro indicando que nuestros depósitos de grasa están llenos, más o menos. La leptina produce, entre otros efectos, la reducción del apetito y el aumento del metabolismo de grasa. En los obesos se produce una resistencia a la leptina que provoca que los efectos de esta hormona sean menores y por lo tanto que la persona tenga tendencia a engordar.

Según lo que vamos sabiendo, el tejido adiposo no es algo que «sobre», sin más, sino que es una fuente de señales metabólicas cuya misión final es permitir el ajuste energético entre lo que ingerimos y lo que gastamos. La diferencia si es positiva se acumula en forma de grasa y si es negativa la grasa se quema. «Liposuccionar» sin cambiar el estilo de vida sirve para poco tiempo.

En la obesidad juegan muchos factores fisiológicos, ambientales y culturales, y otros que todavía no conocemos y que en los próximos años la investigación biomédica irá desvelando. Lo que si que está claro es que la salud exige optimizar nuestra masa corporal. No es un tema baladí, y bien hace el Ministerio de Sanidad y Consumo en actuar sobre estos temas (programa NAOS entre otras acciones), aunque quizás más que legislar de manera restrictiva debería hacerse de manera educativa. Así que ya sabe: a comer suficiente, variado y sano. ¡Ah! Y no se olvide de hacer ejercicio y, si puede, deje de fumar. Ageno Ajeno

Tomás Girbes

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

25/1/07

¡Hazle la guerra a la celulitis!

Claudia M. González, MS, RD, LD/N*

Si de algo odian hablar las mujeres es acerca de la celulitis, esa piel con apariencia de cáscara de naranja que muchas veces se encuentra en los muslos. Es tan indeseable que las mujeres hacen lo inimaginable para desaparecerla o, al menos, disimularla.

Conoce al enemigo

La celulitis no sólo es un problema estético sino también de salud. Las causas que la determinan provienen de un proceso complejo En su aparición están implicados un número de factores, incluyendo cambios hormonales, la herencia genética, la circulación deficiente, el estrés o ansiedad, el fumar, la falta de ejercicios o actividad física y una dieta cotidiana desequilibrada o excesiva.

Sea cual sea la causa de la celulitis, su proceso siempre pasa por distintas fases en las que el tejido se va haciendo cada vez más rígido y los nódulos (o la piel de naranja) cada vez más visibles y hasta dolorosos.

Distintos tipos de celulitis

La celulitis puede afectar a todos por igual, desde niños hasta adultos, e inclusive a personas delgadas y con buena figura. Las personas obesas (con un exceso de más del 20 por ciento de su peso corporal ideal) son más propensas a que la grasa se les deposite en zonas localizadas y por eso tienen una mayor tendencia a padecer de celulitis.

No todas las mujeres son iguales y, por ende, tampoco lo es su celulitis. En algunas, la celulitis suele mostrarse por todo el cuerpo; en otras, puede estar localizada en zonas específicas del cuerpo, como los muslos, las caderas, el abdomen, los brazos, las pantorrillas y los glúteos. Dependiendo de la fase en la que se encuentre, la celulitis también puede presentar un aspecto edematoso, endurecido, esclerótico o flácido.

Prevención y tratamiento

La clave para prevenir o controlar la celulitis está en llevar un estilo de vida saludable que incluya una buena dieta y actividad física. Lo ideal es seguir una dieta equilibrada, ya que comer en exceso provoca un aumento del tejido adiposo (de grasa). Es recomendable consumir alimentos que eviten el estreñimiento y beber unos dos litros de agua al día. Además, hay que reducir el consumo de sal, ya que ésta favorece la retención de líquidos.

Ponte en acción: Dieta básica

  • Consume de 5 a 8 porciones de frutas y verduras al día.
  • Incluye en tu dieta productos de grano integral como los cereales, panes o galletas.
  • Toma mucha agua para facilitar la eliminación de toxinas. Evita las bebidas gaseosas.
  • Opta por la leche descremada y sus derivados.
  • Controla el tamaño de las porciones de tus comidas para evitar el sobrepeso y la presencia acentuada de la celulitis.
  • Disminuye los alimentos grasosos como los embutidos, dulces y frituras. Prefiere los embutidos desgrasados de pavo, pollo y ternera.
  • Come de cuatro a cinco comidas pequeñas al día.
  • No fumes y toma licor en moderación, ya que el cigarrillo y el alcohol le quitan el oxígeno a la piel y predisponen al organismo a trastornos como la celulitis.

Recuerda que el ejercicio es vital para prevenir o luchar contra la celulitis porque controla las grasas e impide que éstas se depositen en el cuerpo. Decídete a combatirla y ¡hazle la guerra a la celulitis!

10/1/07

Los obesos son más propensos a la depresión

La ciencia está a punto de desmontar otro mito: la famosa curva de la felicidad no es tal. Al parecer, su trayectoria se parece más a la de una empinada cuesta hacia la depresión. Así se desprende de un estudio publicado por la revista científica Archives of General Psychiatry basado en una encuesta entre 9.000 personas.

La investigación afirma que los desórdenes relacionados con la ansiedad, los trastornos obsesivos y la depresión son mucho más comunes –hasta un 25%– entre los obesos que entre las personas atléticas y delgadas.

No hablamos de cánones de belleza impuestos por las industrias de la moda y del espectáculo; el tema es más serio y tiene que ver con la salud mental de las personas. Mucho se ha debatido acerca de la obesidad como causa o resultado de diversos problemas mentales. El estudio no entra de lleno en esta cuestión, pero diversas teorías avalan las dos visiones: por un lado se sabe que en muchas ocasiones los medicamentos antidepresivos provocan un aumento de peso que se suma al causado por el sedentarismo asociado a la depresión. Por otro, es indudable que en la sociedad actual el exceso de kilos puede llegar a convertirse en un terrible estigma: los gorditos son menospreciados y convertidos en objetos de burla en muchos programas de televisión… y en la vida real.

Productos de nuestra imaginación

Wayne Fenton, del Instituto Nacional de Medicina Mental de EEUU, principal patrocinador de la investigación, sugiere, en declaraciones al diario USA Today, que “el estereotipo cultural del obeso jovial es más un producto de nuestra imaginación que una realidad”. Un tercio de los adultos estadounidenses es obeso y la depresión afecta a cerca de 21 millones de ciudadanos de aquel país, lo que equivale aproximadamente a una décima parte de la población.

La vinculación entre obesidad y depresión se ha buscado desde hace tiempo en el campo de la medicina, pero hasta ahora las investigaciones habían fallado a la hora de encontrar el nexo de unión. Parece que este estudio logra superar esta laguna, o al menos así lo cree Susan McElroy, profesora de la Universidad de Cincinnati (Ohio), que cree que “confirma que, de hecho, existe una relación” entre los dos elementos.

Para realizar el estudio, el equipo comandado por Gregory Simon, investigador del Group Health Cooperative de Seattle (Washington), realizó una encuesta nacional entre 9.125 adultos cuyo estado mental fue evaluado a través de diversas entrevistas. El nivel de obesidad se determinó usando los datos proporcionados por los propios participantes.

Los resultados reflejaban una demoledora estadística: un 25% de los encuestados resultó ser obeso y de esta cuarta parte, un 22% declaró haber padecido algún trastorno de la personalidad, incluyendo la depresión. Ese porcentaje descendía en el caso de las personas no obesas hasta el 18%. Como no todo puede ser negativo, el estudio también refleja, según McElroy, que el abuso del alcohol o de otras sustancias es menos común entre los obesos. La dopamina, activada en el cerebro ante estímulos considerados positivos –sean éstos un buen plato de comida o una descomunal melopea- parece ser la responsable de esta excepción.

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

17/12/06

Una revisión sistemática Relación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso

(Comentario y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti) -

En las 2 décadas pasadas, en Estados Unidos y en la mayor parte del mundo, la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en todo el mundo hay mil millones de adultos con sobrepeso y un índice de masa corporal (IMC: kg/m2) mayor de 25. De éstos, unos 300 millones son considerados obesos (IMC > 30). Solo en Estados Unidos se calcula que existen casi 130 millones de personas, o 64% de la población entre 20 y 74 años. El 30% de los 130 millones se considera obeso. El sobrepeso y la obesidad se asocian con numerosas comorbilidades de gran importancia para la salud pública, como la hipertensión, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la depresión y los cánceres de mama, endometrio, colon y próstata. La disminución de la productividad y la calidad de vida que resultan del sobrepeso y la obesidad están relacionados con mayores costos médicos, psicológicos y sociales.

Aunque la obesidad deriva de un desequilibrio de la homeostasis energética, no se conocen cuáles son los verdaderos mecanismos que intervienen en este proceso y cuáles son las estrategias eficaces para su prevención y tratamiento. En general, la obesidad refleja interacciones genéticas, metabólicas, culturales, ambientales, socioeconómicas y conductuales complejas. Una encuesta estadounidense reveló que en los 20 años últimos aumentó el consumo de hidratos de carbono, sobre todo provenientes del agregado de azúcares. Entre 1977 y 1996, la proporción de energía derivada del consumo calórico de edulcorantes calóricos aumentó del 13,1 al 16% (un aumento del 22%), y entre 1994 y 1996, más del 30% de los hidratos de carbono consumidos en Estados Unidos por personas mayores de 2 años se obtuvo de los edulcorantes calóricos. Como resultado, dicen los autores, la Dietary Guidelines for Americans (Guía dietética para americanos) de 2000 y 2005 aconsejaba al público elegir bebidas y alimentos con agregados azucarados mientras que la OMS ha comunicado que los azúcares agregados no ofrecen más del 10% de la energía de la dieta.

En la actualidad, se calcula que la ingesta media de azúcar agregado por americano corresponde al 15,8% de la energía total y que la fuente más importante de esos azúcares agregados es la bebida sin alcohol no dietética, correspondiente al 47% del total de azúcares agregados en la dieta. Estos datos están avalados por reconocidas instituciones internacionales. El término bebida “soft” (“blandas” o sin alcohol) comprende las sodas junto con otras bebidas azucaradas como los jugos de frutas, limonada y té frío. El término “soda” comprende las bebidas carbonatadas endulzadas con azúcar como las bebidas cola. Se ha demostrado que el consumo de estas bebidas aumentó el 135% entre 1977 y 2001. Se ha calculado que durante ese período, el consumo diario de calorías del azúcar aumentó 83 Kcal/persona, con 54 Kcal/día provenientes de la soda.

En Estados Unidos, informan los autores, se calcula que una soda provee 150 Kcal o 40-50 g de azúcar en forma de jarabe con alto contenido de fructosa, equivalente a 10 cucharadas de té de azúcar de mesa. Si se agregan esas calorías a la dieta típica estadounidense sin reducir otras fuentes de azúcar, la soda puede provocar un aumento de peso de 6,75 kg en 1 año.

Paralelo al consumo de soda está el consumo de bebidas de frutas y frutadas (hechas con el agregado de agua a polvo o cristales), las cuales tienen un endulzamiento similar y suelen ser consumidas en grandes cantidades por adolescentes y adultos jóvenes. En los últimos 20 años, el consumo de soda y bebidas frutadas integra, en Estados Unidos, el 81% del aumento de la ingesta calórica proveniente del azúcar.

Por otra parte, el mayor consumo de jarabe de fructosa utilizado para endulzar las bebidas en Estados Unidos, es el responsable del crecimiento dela obesidad epidémica. Se ha sugerido que la ingesta de bebidas azucaradas puede promover el aumento de peso y la obesidad por aumento del consumo energético general. Varios estudios evaluaron la relación entre la ingesta de bebidas azucaradas y la obesidad y el aumento de peso, pero los resultados son discrepantes y hacen difícil aseverar la existencia de una relación directa.

Objetivo

Esta revisión examina en forma crítica la evidencia actual entre la asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso y la obesidad.

Material y métodos

Los investigadores buscaron publicaciones en idioma inglés en MEDLINE, desde 1996 hasta mayor de 2005, que fuesen de sección cruzada, cohorte, prospectivas y experimentales, que trataran sobre la relación entre las bebidas azucaradas y el riesgo de aumento de peso (sobrepeso, obesidad, o ambos).

Se seleccionaron 33 publicaciones (16 de sección cruzada, 10 prospectivas y 5 experimentales), teniendo en cuenta la importancia y la calidad del diseño y los métodos.

Resultados

Los hallazgos de los estudios de sección cruzada, junto con los estudios de cohorte prospectivos con períodos de seguimiento prolongados, muestran una asociación positiva entre el mayor consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso y la obesidad, tanto en niños como en adultos. Los trabajos a corto plazo sobre alimentación en adultos también demuestran una inducción del balance energético positivo y aumento de peso por el consumo de sodas azucaradas, aunque este tipo de estudios no es numeroso. Doce meses después de una intervención realizada en escolares comprobó un consumo de bebidas sin alcohol y de obesidad y sobrepeso menos significativos que en el grupo control; un estudio controlado aleatorizado de 25 semanas realizado recientemente en adolescentes comprobó también una relación entre el consumo de bebidas azucaradas y el peso corporal. La importancia de la evidencia epidemiológica y experimental indica que el mayor consumo de bebidas edulcoradas con azúcar se asocia con aumento de peso y obesidad. Aunque se requiere más investigación, la evidencia existente es suficiente como para aplicar estrategias de salud pública que desalienten el consumo de bebidas azucaradas como parte de un estilo de vida saludable.

Discusión

La mayoría de los estudios de sección cruzada, en especial los más grandes, comprobaron una asociación positiva entre el consumo de bebidas azucaradas y el peso corporal. Tres estudios prospectivos que incluyeron mediciones repetidas tanto de las bebidas sin alcohol como el peso comprobaron que un aumento en el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas se asoció significativamente con mayor ganancia de peso y mayor riesgo de obesidad, tanto en niños como en adultos. Un estudio de intervención realizada durante 1 años comprobó que la reducción del consumo de bebidas azucaradas en escolares se acompañó de una reducción significativa de la prevalencia de sobrepeso y obesidad, y otro estudio realizado durante 25 semanas en adolescentes comprobó que una reducción en el consumo de bebidas edulcoradas con azúcar tuvo una estrecha relación con el IMC. “A pesar de haber comprobado una relación positiva entre el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas y el peso corporal,” dicen los autores, “otros investigadores han sugerido que dicha relación no existe.” Muchos estudios basados en la Continuing Survey of Food Intake for Individuals (CSFII) 1994–1996 y 1998 y el NHANES III (1988 –1994) no hallaron asociaciones significativas entre el consumo de soda o jugos de fruta y el IMC en niños y adolescentes estadounidenses. Sin embargo, los datos de ambas encuestas indican una asociación levemente positiva entre el consumo de soda y el IMC y una asociación levemente inversa entre el consumo de jugos de fruta y el IMC. De todos modos, la interpretación de estos hallazgos, dicen los autores, debido a que los estudios fueron de sección cruzada y relativamente pequeños y realizados en niños y adolescentes, considerados grupos en los que es difícil evaluar la dieta y el peso. Un análisis de riesgo reciente basado en los datos de CSFII, NHANES III, y el National Family Opinion
(NFO) World Group Share of Intake Panel (SIP) evaluó la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol de las máquinas expendedoras de la escuela y el sobrepeso de los adolescentes. Se demostró que el retiro de dichas máquinas de la escuela conteniendo bebidas sin alcohol carbonatadas no afectó el IMC. Esta circunstancia es atribuida por los autores de esos trabajos a que el consumo de soda de las máquinas expendedoras de los colegios es una fracción pequeña del consumo total de bebidas sin alcohol y la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol y el IMC no es tan importante en la población en estudio.

En general, dicen los autores, “los resultados de nuestra revisión avalan una relación entre el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas y los riesgos de sobrepeso y obesidad.” Sin embargo, agregan, “la interpretación de los estudios publicados es complicada debido a los métodos diversos de estudio, como el tamaño pequeño de las muestras y la duración corta del seguimiento, los métodos utilizados por la evaluación de la dieta y a falta de mediciones repetidas y otros factores de error provenientes de los cambios voluntarios en la dieta y el estilo de vida, por razones de adelgazamiento u otras. Es importante controlar las variables que puede conducir a error, como el control del peso basal, el tabaquismo y el uso de alcohol, las modalidades de alimentación, (carnes rojas, papas fritas, carnes procesadas, dulces y comidas rápidas o “chatarra”) y las actividades físicas.

Mecanismos biológicos

Los estudios experimentales son una alternativa de los trabajos con dietas de larga duración, los que, si bien son ideales, son costosos y no tienen la adherencia debida de todos los participantes.

La evidencia existente indica que el aumento de peso se produce más por el consumo de energía que aportan los alimentos líquidos que los sólidos, debido al poder de saciedad bajo que poseen los líquidos. Por otra parte, se ha demostrado que cuando las personas aumentan el consumo de carbohidratos líquidos no disminuyen el consumo de alimentos sólidos. La comparación de bebidas edulcoradas en forma artificial con las edulcoradas con azúcares calóricos dio resultados similares. De acuerdo con los resultados de algunos trabajos, los sujetos que consumen bebidas con azúcar calórico no lo compensan con la reducción del consumo de otras bebidas o alimentos, y por lo tanto, aumentan de peso. Los mismos resultados se observaron en niños preescolares. Estos datos también sustentan la observación de ciertos estudios prospectivos de cohorte que el consumo de soda dietética se asocia en forma negativa con el consumo de energía y el peso, mientras que la ingesta de bebidas azucaradas se asocia positivamente con el ingreso de energía y el peso. Pero, otros autores han obtenido datos contradictorios. La evaluación del consumo de bebida soda, ingesta energética y peso es compleja, porque para algunas personas el consumo de bebidas con calorías reducidas puede servir como justificativo para el consumo de un exceso calórico de fuentes alimentarias.

Los estudios que evalúan los efectos de las bebidas edulcoradas calóricas y no calóricas sobre el hambre y el apetito dan resultados conflictivos. Algunos estudios experimentales comprobaron que el consumo de edulcorantes no calóricos no aumentan el hambre ni la ingesta de alimentos, mientras que el consumo de edulcorantes calóricos sí lo hace, lo cual implica que los participantes no compensan el déficit energético que resulta del consumo de edulcorantes no calóricos en lugar de los edulcorantes calóricos. Estos estudios también demostraron que el consumo de bebidas con edulcorantes calóricos generó mayor consumo energético que el consumo de bebidas con edulcorantes artificiales. Por el contrario, otras han comprobado que el reemplazo de bebidas endulzadas con edulcorantes ratifícales no afecta el ingreso total de energía y puede, en realidad, haber aumentado la ingesta energética posterior. Estos estudios han demostrado que el apetito y el hambre no difieren con el tipo de edulcorante consumido y que los participantes compensaron el déficit de energía resultante del reemplazo de edulcorantes calóricos por edulcorantes artificiales. Por otra parte, algunos resultados indican que el sabor de los azúcares calóricos y ratifícales aumentan la sensación de hambre y la ingesta calórica, con la posterior ganancia de peso. Pero, estos datos requieren mayor estudio.

A partir de un estudio reciente en ratones se cree que la fructosa y la sucrosa (utilizada en Europa) no son intercambiables, porque la primera también contiene una fracción de glucosa. Se ha postulado que la fructosa provoca mayor aumento de peso y resistencia a la insulina por la elevación de los triacilgliceroles plasmáticos y el descenso posterior de la producción de insulina y leptina en los tejidos periféricos, disminuyendo de este modo las señales al sistema nervioso central de la insulina y la leptina. Sin embargo, dicen, la composición del azúcar del jarabe de fructosa y sucrosa, con calorías similares; no difiere en forma notoria. Se requieren más estudio para establecer si el jarabe de fructosa que se agrega a las bebidas es más negativo para el aumento de peso que los otros azúcares.

Diabetes y otras consecuencias sobre la salud

Además de su papel potencial en el aumento de peso, el consumo de soda con edulcorante calórico puede aumentar el riesgo de diabetes de tipo 2. Se cree que esta asociación está mediada en parte por la cantidad elevada de carbohidratos de absorción rápida como el jarabe de fructosa que se halla en la soda que se consume en Estados Unidos, y la absorción de esos carbohidratos tiene un efecto sobre la glucemia similar al de la sucrosa. Aunque cada bebida tiene un índice glucémico moderado, su consumo elevado contribuye a la hiperglucemia.

Algunos estudios sugieren que los biomarcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la haptoglobina pueden estar asociados con el riesgo de diabetes y pueden estar compuestos por la ingesta de carbohidratos de digestión y absorción rápidas. También se ha comprobado que las bebidas sin alcohol que contienen colorante acaramelado son ricas en productos de degradación finales de la glucación, lo que puede aumentar la resistencia a la insulina y la inflamación: sin embargo, estos hallazgos no se repitieron en los estudios con soda dietética.

Reciente hallazgos de un estudio de cohorte prospectivo también señalaron que el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas puede estar asociado con mayor riesgo de cáncer pancreático, en particular en mujeres con un IMC elevado o poca actividad física y resistencia a la insulina.

El consumo de bebidas sin alcohol también se ha relacionado con otras consecuencias sobre la salud, sobre todo en niños y adolescentes. El consumo de cafeína de la soda (10-16 mg/100 mg) puede aumentar la presión arterial en adolescentes, sobre todo con antecedentes afroamericanos, aumentando así el riesgo de hipertensión, aunque la presión arterial de esta población de adolescentes también puede estar afectada por su hábito dietético y estilo de vida, en la cual el consumo de bebidas cafeinadas es un marcador. A pesar de que algunos estudios sostienen que el consumo regular de café puede reducir el riesgo de diabetes, los beneficios del café están más relacionados con componentes del café como el ácido clorogénico y el magnesio que con la cafeína, derivado de la observación que tanto el café común como el descafeinado disminuyen el riesgo de diabetes.

Otras desventajas del consumo de bebidas con edulcorantes calóricos, en especial en niños y adolescentes, es el desplazamiento del consumo de lecho y otros nutrientes. Sin embargo, otros estudios han comprobado que el consumo de azúcares agregados como en la soda y jugos frutales tiene un efecto despreciable sobre la calidad de la dieta general. Varios estudios demostraron que el consumo de bebidas cola se asocia negativamente con la densidad mineral ósea y positivamente con las fracturas de hueso. Se ha interpretado que existe la mediación de un alto contenido de fosfato en las bebidas cola, lo cual produce un cambio en la relación calcio:fósforo de la dieta que lleva a un efecto deletéreo en el hueso. De todos modos, hay otros estudios que contradicen estos resultados. También se ha relacionado el consumo de estas bebidas con riesgo de caries dentales por erosión del esmalte, aunque el estudio NHANES III no lo comprobó.

Jugos de frutas

Los jugos de fruta, como el de manzana, de alto consumo entre niños y adolescentes, también ha sido responsabilizado de generar sobrepeso y obesidad, quizá por su contenido de fructosa. Otros estudios sostienen que el consumo de estos jugos no influye sobre el peso corporal.

Conclusiones

El consumo de bebidas con edulcorantes calóricos ha aumentado enormemente en las últimas décadas, acompañado por un aumento paralelo de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos. En la actualidad, las bebidas sin alcohol, azucaradas, contribuyen con el 8 a 9% del consumo energético total en niños y adultos. Aunque siempre se ha sospechado que estas bebidas contribuyen en parte con la obesidad epidémica, solo en años recientes se han realizado estudios epidemiológicos grandes para investigar la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol y el aumento de peso a largo plazo.

En esta revisión sistemática, los hallazgos de varios estudios de sección cruzada importantes, estudios prospectivos de cohorte con seguimiento prolongado y mediciones repetidas de la dieta y el peso, un estudio con intervención en escolares sobre el consumo de soda y un trabajo aleatorizado y controlado que evaluó el efecto de la reducción del consumo de bebidas azucaradas han brindado muchas evidencia del papel independiente que tienen las bebidas con edulcorantes calóricos, en particular la soda, en la promoción del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes.

Estudios prospectivos de cohorte también demostraron la misma asociación en adultos. Sin embargo, los autores sostienen que se requieren más investigaciones para confirmar todos estos datos. Se ha sugerido que el jarabe de fructosa utilizado para edulcorar las bebidas puede favorecer el riesgo de adiposidad y diabetes.

Las bebidas edulcoradas, en particular la soda, tienen pocos beneficios nutricionales y aumentan el riesgo de sobrepeso y diabetes, fracturas y caries dentales. Dadas que las tasas globales de incidencia de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes van en aumento, es imperativo aplicar estrategias de salud pública, como la educación sobre la ingesta de bebidas.

Es necesario desalentar el consumo de bebidas sin alcohol con edulcorantes calóricos, como la soda y los jugos de fruta, y esforzarse por promover el consumo de otras bebidas como agua, leche descremada y jugos de fruta en pequeñas cantidades.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

2/12/06

Dormir para adelgazar

Diversos estudios ponen de manifiesto la existencia de un neurotransmisor clave en la regulación de sueño y del apetito

La obesidad es la epidemia del siglo XXI; mil millones de personas en el mundo tienen un peso superior al recomendable y es evidente que no se trata tan sólo de una cuestión estética sino que incide directamente en la salud y en la calidad de vida. Comer menos y hacer más ejercicio ayudan a mantener el peso pero lo que no se sabía es que dormir más podría ser una buena manera de luchar contra la obesidad

Pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo y descansar bien es importante para gozar de buena salud. Comer y dormir son hechos fundamentales en nuestra vida que, actualmente en las sociedades occidentales, están fuera de control: cada vez dormimos menos y comemos más. El número de horas de promedio de sueño ha disminuido desde las ocho o nueve que se invertían en 1960 a menos de siete en la actualidad. Se impone la idea de que en una sociedad apresurada como la nuestra, el dormir es una pérdida de tiempo y que hay mejores formas de aprovecharlo.

Los mecanismos biológicos del apetito y del sueño

De forma paralela, la gradual reducción en las horas de sueño ha ido paralela a un progresivo incremento de peso, por lo que investigadores expertos en el tema de la obesidad, se han preguntado acerca de si el hecho de que cada vez durmamos menos puede tener alguna relación con que cada vez estemos más gruesos. La idea no es tan descabellada como pueda parecer a primera vista ya que resulta verosímil que existan mecanismos biológicos cerebrales que interconecten y controlen ambas cosas.

En términos evolutivos, la relación entre sueño y apetito es vital. Un ratón debe comer para permanecer vivo y estar despierto para huir, por lo que se necesita un mecanismo que reconozca que los niveles de energía están bajos y le despierte para encontrar comida. Posiblemente los humanos tengamos un sistema de control similar, como cuando nuestros ancestros luchaban contra el hambre y algo les mantenía alerta, impulsándoles a buscar comida. Pero ahora, hay algo que nos mantiene más horas despiertos y que se introduce en nuestro cerebro impulsándonos a buscar en el refrigerador calorías extras que no podremos quemar.


Dormir para adelgazar

Los niños que duermen poco desde los tres años, tienen más probabilidad de sobrepeso a los siete En una publicación reciente, la revista Nature recoge las últimas investigaciones relevantes sobre la correlación entre dormir poco y el sobrepeso. Uno de los trabajos, efectuado en la Universidad de Columbia (Nueva York), estudió la relación entre el hábito de sueño y el índice de masa corporal de 9.500 personas. Los datos revelan que los individuos que dormían menos (una media de cinco horas), eran un 60% más obesos que los que dormían siete horas o más (corrigiendo otros factores que podían estar implicados como el tabaco o la actividad física, entre otros). Otra investigación realizada con niños (Reino Unido) pone de manifiesto que aquellos que dormían menos de lo necesario desde los 3 años, tenían más probabilidad de padecer sobrepeso a los 7 (también tras corregir factores como el sobrepeso en los padres o el tiempo que pasaban viendo la televisión).

¿Por qué las personas obesas duermen menos? ¿Es una causa o una consecuencia? Podría ser que los obesos durmieran menos precisamente porque al tener sobrepeso no gozan de buena salud y esto les impide descansar bien o quizás lo que ocurre es que, al no dormir bien, cansados e irritables, pierdan la motivación de comer saludablemente o hacer ejercicio. Seguramente estas cuestiones pueden jugar un papel pero es probable que haya otros motivos más profundos.

Eve Van Cauter, de la Universidad de Chicago (Illinois), lleva a cabo investigaciones sobre los efectos que tiene la deprivación del sueño en los niveles hormonales. En uno de sus trabajos, 12 hombres jóvenes fueron sometidos a una privación de sueño permitiéndoles dormir sólo cuatro horas por noche durante dos días consecutivos. Se determinaron los niveles hormonales de leptina, hormona relacionada con las células grasas y las señales de saciedad, y la grelina, producida por el estómago para alertar del apetito. Los resultados obtenidos se compararon con los niveles de individuos sanos que habían dormido nueve horas cada noche. Tras la privación, los niveles de leptina habían aumentado en un 18% y los de grelina en un 28%. Al mismo tiempo, manifestaron estar hambrientos y les apetecían más los hidratos de carbono (como galletas, pan y pasteles, entre otros) que las frutas, verduras y proteínas.

A pesar de que todos los estudios realizados hasta ahora llegan a la misma conclusión, todavía no está claro cuál es el mecanismo celular y molecular que provoca estos cambios. Los investigadores creen que hay superposiciones entre los sistemas cerebrales que regulan el apetito y los que regulan el sueño; el foco de atención se centra en unas células del hipotálamo y en concreto en una de las proteínas que producen, la orexina, que parece tener un papel clave.


LA OREXINA, REGULADOR DEL SUEÑO Y DEL APETITO
Marinela Sotoncic

El neurotransmisor orexina, también llamada hipocretina, fue descubierto simultáneamente por dos grupos de investigadores en 1998 y estudios posteriores han demostrado su papel en la regulación del sueño y la vigilia, así como en el apetito. Actualmente la investigación se centra en la forma en la que la orexina está implicada en la deprivación del sueño y la obesidad. Una de las ideas es que la falta de sueño interfiere en el ritmo circadiano normal del hipotálamo, estimulando la actividad de las neuronas orexinicas. Se postula que esto puede afectar a su vez la producción de leptina, grelina y quizás otras hormonas que controlan el apetito.
Un estudio realizado en la Universidad de Yale (EE.UU.) encontró que las neuronas orexinicas tienen un umbral de activación bajo y que la falta de comida durante la noche activa la formación de nuevas sinapsis que las estimula, como en un intento de buscar y conseguir comida. Los autores sugieren que estas neuronas también se estimulan fácilmente con el estrés.

Por otra parte, una investigación coordinada por Denis Burdakov de la Faculty of Life Sciences de Manchester (Reino Unido) corrobora el papel de la orexina en la regulación del sueño, haciendo hincapié en la función de la siesta. Los resultados publicados en Neuron demuestran cómo la glucosa bloquea a las neuronas que producen orexina, explicando en parte el porqué nos sentimos somnolientos después de las comidas y porqué es difícil dormir cuando se está hambriento. Según los expertos, el malfuncionamiento de las neuronas de orexina podría conducir a trastornos del patrón de sueño y a desórdenes alimentarios.

Estudios anatómicos también revelan que las neuronas de orexina se encuentran en regiones cerebrales asociadas a los circuitos de placer y recompensa. Recientemente se ha dado un nuevo protagonismo a este neurotransmisor gracias a una investigación del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) que demuestra el papel de la orexina en la búsqueda de recompensa y la adicción a las drogas. Estos descubrimientos proporcionan una nueva fuente para desarrollar fármacos que traten trastornos del proceso de recompensa, como la adicción a las drogas, al alcohol y al tabaco.

Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

5/11/06

Dietas polémicas: ahora dicen que con comer bien no alcanza

En las últimas semanas, la divulgación de estudios que tienen que ver con la cantidad y tipo de grasas en las dietas instalaron polémicas que lejos de disiparse, se acentúan.
La primera investigación, de la Universidad de Washington, en relación con las dietas hipocalóricas (muy bajas en calorías) y anunciaba como conclusión que comer poco y sano retrasaría el envejecimiento. La segunda, del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de los Estados Unidos, involucraba a las grasas, especialmente a las saturadas de origen animal. De ellas se decía que evitar consumirlas en grandes cantidades no ayudaría (como siempre se creyó) a proteger a las mujeres de infartos, derrames cerebrales, cáncer de mama o colon.

Y estalló la polémica. Bajas calorías sí, bajas calorías no. Grasas sí, grasas no. Lo mejor, como en toda buena receta, es ir por partes. "Sostenidas a largo plazo, las dietas hipocalóricas no aportan la suficiente cantidad de minerales, entre otros elementos esenciales, que el cuerpo necesita. Se tiene que hacer un seguimiento muy estricto y evaluar los riesgos. Pueden producir hipoglucemia (bajar la glucosa, azúcar imprescindible para el organismo) o desencadenar problemas cardíacos", explica Horacio Orlando, cardiólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA).

"A mí no deja de llamarme la atención que estudios como el de las grasas y su relación con lo cardiovascular o el cáncer, aparezcan ahora, cuando existe un ataque con justa razón a la comida chatarra, que es alta en grasas. Las empresas que la comercializan están siendo bombardeadas y decir que esas grasas no serían tan responsables de la aparición de cáncer o problemas cardiovasculares, las haría menos responsables en una instancia legal", comenta Daniel De Girolami, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición. "Independientemente de ese tema, está demostrado que la dietas altas en grasas influyen en la propagación de la obesidad en el mundo. Y que guardan relación, además con el cáncer y con problemas cardiovasculares", agrega.

En medio de la polémica se intenta, además, cambiar un viejo refrán que parecía intocable: "Somos lo que comemos". En su edición del martes, el diario The New York Times afirma: "Tal vez, usted no es lo que come". A través de varios ejemplos se muestra que la preocupación sobre qué conviene comer estuvo instalada en distintas épocas y que los antecedentes se pueden rastrear incluso en los comienzos del siglo XIX. Pero que al parecer, lo que uno come no es lo más importante.


¿En qué quedamos? "El tema es que ahora no sólo somos lo que comemos sino también lo que hacemos con lo que comemos. Para estar sanos, no sólo hay que tener en cuenta el tipo y cantidad de alimento sino el estilo de vida que uno lleva. Para prevenir la obesidad, no basta con cerrar la boca sino que también hay que mover un poco más los pies", advierte Sergio Britos, del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) .

Actividad física

Los profesionales consultados coinciden en que para que la dieta influya favorablemente en la salud tiene que estar enmarcada en un estilo de vida apropiado. Quiere decir que no basta con comer en forma variada y equilibrada —aumentando la cantidad de frutas y verduras y bajando las grasas saturadas— sino que, además, hay que acompañar esa conducta con actividad física (caminatas sino puede hacer actividad física más intensa) y con hábitos saludables en general. Algunos de ellos: no fumar, evitar el estrés (especialmente el laboral) y tener una vida social activa.

http://www.intramed.net/